Entrevistas

"La emancipación de las mujeres no se logra solamente, con cambios en el sistema económico, es preciso que se den cambios en el sistema patriarcal”. Gloria María Araque, es Socióloga, especialista en economía social, solidaria y género.

 

Esta entrevista fue realizada a Gloria María Araque por Sonia Rivera y Roselia Núñez durante el programa “Género y Economía” del programa radial Atenea, que se transmite los miércoles a las 10 de la mañana por www.ues.edu.sv, YSUES Radio Universitaria.

 

¿Qué se puede entender como género?

Género se constituye como la construcción social de lo que es, ser femenino o ser masculino. En otras palabras, es la significación que, a través de la socialización, se atribuye al ser mujer u hombre.  Ser femenina; significa entonces ser delicada, generosa, sumisa o dependiente entre otras cosas. Y ser masculino se asocia a independencia, fuerza, más inteligencia, poder y ser proveedor.

 

¿Y qué es la economía?

Es la forma en que la sociedad se organiza para satisfacer unas necesidades que bien pueden ser materiales o no, dichas satisfacciones, se logran en un proceso continuo de relaciones sociales y económicas. A través de la producción de bienes, se satisfacen necesidades materiales (vivienda, empleo, infraestructura) y a través de las actividades de la reproducción (trabajo doméstico y del cuidado) se satisfacen necesidades que orientan la autorrealización, el crecimiento personal y social (como el afecto, el cuidado etc.). La teoría económica tradicional considera dentro de lo Económico, sólo, a aquellas actividades que pasan por el mercado (mercantiles) dejando ocultas actividades y necesidades no mercantilizables como las mencionadas anteriormente.

 

Cuál es el aporte de las teorías feministas a la economía?

El género como categoría de análisis, es un aporte fundamental de las teorías y el pensamiento económico feministas. A lo largo de su historia, los feminismos (lo digo así por las variadas corrientes de pensamiento) han ido desplazando sus núcleos temáticos, complejizando así el análisis, de la opresión de las mujeres.

Hasta los años 80 las teorías económicas, consideraban que los fenómenos económicos afectaban de igual forma a mujeres y hombres. Contrariando está visión, las feministas, subrayaron la diversidad de desigualdades existentes (aún entre mujeres) expresada en relación a la clase, raza, etnia, cultura, sexo, opción sexual, entre otras.

La nueva visión del análisis económico entra a marcar el carácter relacional entre los géneros y denuncia las estructuras de poder entre mujeres y hombres y, también, entre mujeres. En este orden de ideas, una mujer de raza negra, pobre y lesbiana puede sufrir mayor discriminación y opresión que otra mujer al igual que aquella, negra y lesbiana pero de clase alta.

El pensamiento feminista amplió el abanico de las causas que reproducen las desigualdades de género y puso en evidencia que el modelo económico capitalista basa su organización en una división social del trabajo en función del sexo (división sexual del trabajo) que naturaliza la presencia de las mujeres en el hogar, ocultando el trabajo que realizan allí y generando una idea de no valor, social ni económico, del mismo. El acceso a recursos económicos, el control de los mismos, así como, las políticas sociales y las medidas económicas, es diferente para mujeres y para hombres, debido a las desigualdades de género. La mayor pobreza de las mujeres y la tendencia a que los hogares en cabeza de mujeres sean más pobres (feminización de la pobreza) puede verse como un impacto desfavorable de la construcción de los géneros.

 

¿Tomando como base lo antes expuesto, cómo se puede implementar el género en la economía?

El análisis (perspectiva) de género, facilita promocionar la equidad entre mujeres y hombres por lo que urge su incorporación en el diseño y puesta en marcha de políticas sociales y económicas, los presupuestos, la planificación, la toma de decisiones, y en acciones orientadas a promover cambios en la vida cotidiana de las personas a niveles como; la distribución equitativa del trabajo en el hogar, el uso democrático del tiempo; el acceso y control de los recursos familiares, entre otros.

 

¿Cuál es la propuesta actual?

El planteamiento parte de reconocer que la actividad económica afecta de manera diferenciada a mujeres y hombre. Avanzar en la superación de la pobreza implica tomar en consideración que hay factores de género que están incidiendo en el no acceso de las mujeres a sus derechos económicos.  Esos factores no sólo están presentes en las relaciones cotidianas, de ellas, al interior de la familia (realizando el trabajo de la casa y cuidando a otras/os), también lo están y se perpetúan desde la construcción y acciones que orientan la política pública.

Con esto quiero decir, no basta, con que las mujeres democraticen en sus familias la distribución del trabajo (reproductivo) y el uso del tiempo; si desde el Estado se les están trasladando los costos del trabajo del cuidado (niños, niñas, ancianas/os, enfermos/as) como resultado de la reducción en el gasto social. Ahí, otro aspecto de la propuesta actual; iniciar a ver y accionar la economía como un todo con lo social, construir una socio-economía. Ello implica superar el divorcio existente entre lo social y lo económico a partir de la formulación de políticas socio-económicas.

 

Desde los años  80 hasta acá, ¿ha habido algún avance en cuanto a tomar en cuenta el aporte de las feministas en la economía?

Sí pienso que hay avances. Y en esto ha sido muy importante el trabajo de los movimientos de mujeres en el mundo que lograron en un proceso histórico, el reconocimiento y aplicación de la categoría género por parte de organismos internacionales que promueven y defienden los Derechos Humanos de las Mujeres, La CEDAW (1981) y Beijing (1995) han sido conquistas históricas.

Actualmente hay una aceptación de que el género, lo mismo, que categorías como, etnia, clase, edad, entre otras, apoyan el análisis y la comprensión de la estructuración social. Se acepta que definir acciones ignorándolas es obviar la realidad de mujeres y hombres; vivimos la vida de manera diferente, somos impactados de manera distinta por los fenómenos, nos comprometemos de manera diferente, accedemos a las relaciones sociales, económicas y políticas de manera distinta y esto último contempla el acceso a derechos también de manera diferencia. En el caso de las mujeres, se parte de unas desigualdades históricas, lo cual se acepta en algunos ámbitos, sin embargo, todavía hay mucho por recorrer, ya que persiste las resistencia a hacer cambios y transversalizar la categoría género en el análisis y las acciones al interior de las estructuras social, económica y política.

 

Un ejemplo de avance

La distribución en el Uso del Tiempo empieza a ser tenida en cuenta como una variable que va a mostrar en qué situación están las mujeres dentro de un grupo social. En El Salvador concretamente desde el 2005, se incluyó esta variable en la encuesta nacional de hogares, y mostró que en el país las mujeres, trabajan en promedio 6 veces más que los hombres, esto se une a que están menos educadas y ganan menos, así mismo están sobre representadas en las actividades del llamado sector informal y sub-representadas en cargos de dirección y espacios donde se decide. No obstante, sigue pendiente, desde el Estado, adelantar acciones que contribuyan a disminuir estás formas de inequidad.

 

Hay un avance al considerar que el tiempo tiene un valor y que el acceso de las mujeres a educación, capacitación técnica, trabajo remunerado entre otras, está limitado por el uso que, ellas, hacen del tiempo. Mostrar estadísticamente que se da una distribución inequitativa en el uso del tiempo desfavorable para las mujeres y producto de que son ellas las responsables (culturalmente), casi exclusivas, de realizar el trabajo doméstico y del cuidado, mostrar, que sí, está pasando, es un avance.

 

En el informe del PNUD del año 2008, hay un apartado que refleja, cuánto es el aporte que las mujeres dan si se tomara en cuenta lo que las mujeres realmente aportan a la economía…

Si en el capítulo 8 hay un análisis bastante claro de lo que representa el aporte de las mujeres a la economía salvadoreña y en este sentido el aporte de las mujeres equivaldría a un 27 por ciento al Producto Interno Bruto del país. El Informe de Desarrollo Humano 2007 – 2008 también da cuenta de aspectos como la mayor participación de las mujeres en los segmentos donde los trabajos son más precarios y mal pagados y es menor en los trabajos de dirección empresarial y política, tradicionalmente concebidos como trabajos para hombres.

Estamos hablando de construcciones sociales y económicas dadas en un proceso histórico, posibles de transformar, también, en un proceso histórico. Los cambios son paulatinos y no se dan sólo por decreto, si no que suceden primero en la consciencia de las personas. Hay avances, el papel de las mujeres en la economía se refleja cada vez con mayor claridad y fuerza, esto es un paso adelante (pensándolo en el gran proceso histórico) y nos alienta a seguir pues sabemos que no es suficiente.

 

A qué nos referimos cuando hablamos de trabajo del cuidado y el rol que nos ha sido asignado a las mujeres

Como les decía al comienzo, la sociedad para satisfacer sus necesidades se organiza asignando funciones y roles a mujeres y hombres. En el caso de las mujeres, su rol está íntimamente asociado a su capacidad bilógica de ser madre. Con lo cual, son las mujeres, por designio culturalmente las responsables de realizar el trabajo doméstico y del cuidado. El primero, asociado a las tareas de la casa (asear, lavar, planchar, etc.) y el segundo, al afecto, la atención sensible y de calidad de niñas/o, anciana/os, enferma/os. Esta división, concebida como “natural” reduce el papel de “ser” mujer al ámbito privado y limita la participación de ellas en espacios de la vida pública, como por ejemplo el trabajo reproductivo y la política.

Las estadísticas confirman, que las mujeres se subordinan y a la vez son subordinadas a lo concebido como masculino (lo público, el trabajo productivo). Estos instrumentos evidencian que todavía muchas mujeres mantienen la creencia de que su sentido en la vida es cuidar de los hijos, el marido, sus padres etc. Perciben que –lo hacen- por amor- y que no cumplir con el mandato las hace malas y faltas de amor para su familia. Así mismo, el hombre (pareja) se concibe y es concebido como proveedor (productivo, público).

A través del trabajo del cuidado las mujeres satisfacen necesidades materiales (alimento, vestido etc.) e inmateriales (afecto, cuidado de la vida etc.) indispensables para la sobrevivencia. Es a través del trabajo doméstico y del cuidado, realizado por las mujeres que se reproducen; la vida, las personas (autoestima, abrigo), y las relaciones sociales y de producción.

 

Gloria, pero, cómo deconstruir todo esto que nos ha sido enseñado

Desde las organizaciones de mujeres se está haciendo un trabajo con las organizaciones de base a fin de hacer conciencia de que mi función en la sociedad como mujer ha sido construida en función de cumplir un papel para la reproducción económica, hacer conciencia que no es un proceso natural y comprometerse con cambios en la vida cotidiana que lleven a hacer cambios en un proceso histórico. Y que las mujeres empiecen a asumir que ellas merecen también ser cuidadas. Que no es verdad que nacimos para cuidar de otras y otros. Y así como el niño, la niña, el esposo, el anciano y la anciana necesitan de cuidados, yo mujer de 15 de 20 o los años que sea, también merezco del cuidado y el auto cuidado. Merezco estar bonita, sentirme a gusto conmigo, comprarme un vestido u otros artículos necesarios para mi cuidado personal.

Esto me lleva a observar que hay un claro sesgo de género en la distribución de los ingresos, el dinero en la vida de las mujeres es secundario, así, cuando ellas tienen un trabajito, la mayor proporción -y eso está demostrado estadísticamente- de su ingreso la dedican a garantizar necesidades materiales de sus hijos e hijas. Mientras, el hombre, casi siempre, reserva una porción para él.

 

¿Por dónde comenzar entonces?

Es importante iniciar a concientizar a los jóvenes de que las mamás no nacieron para vivir en función de sus hijos e hijas, las mujeres, madres o no, tienen derecho a una vida propia y al desarrollo pleno de sus capacidades, así como a enriquecer las mismas con nuevas oportunidades (de formación u ocupación), como también el resto de personas en la familia. Hay que hacer un trabajo que promueva romper la feminización de las redes del cuidado y evitar que más niñas acaben sustituyendo a sus madres, al no comprometer a otros y otras personas de la familia en la distribución de las tareas. Hay que avanzar en acuerdos familiares que favorezcan la democratización en los Usos del Tiempo. Avanzar en todo ello es fundamental, no obstante, insisto, aunque se den cambios a interior de la familia, todo es insuficiente si no hay transformaciones en la formulación e institucionalización de las políticas públicas. Las mujeres no pueden seguir sustituyendo la responsabilidad del estado en relación al cuidado de niños, niñas, ancianos/as, enfermos/as y discapacitados/as; por cuenta de las reducciones en el gasto social. Las políticas de atención a la niñez no pueden seguir centradas en el aporte de trabajo gratuito de las mujeres. Las acciones para avanzar involucran tanto cambios en la conciencia de las personas como a nivel de la concepción y ejecución de las políticas sociales y económicas.

 

¿Y qué dice el feminismo al respecto?

El feminismo dice, la construcción social de los géneros no es un problema de hombres y mujeres, es un problema estructural, definido a través de la socialización. Los sesgos y desigualdades de género están presentes en casi todos, los aspectos y ámbitos de la vida; la distribución del trabajo (productivo/reproductivo), el acceso y control los recursos, en la distribución del gasto social (presupuestos oficiales), en el acceso a espacios donde se toman las decisiones, en el acceso y control de los recursos naturales, entre otros.

El feminismo, parte de la realidad que viven mujeres y hombres para sustentar las desigualdades entre los sexos y sostiene que la deconstrucción de creencias, prácticas, conductas y comportamientos que refuerzan las desigualdades y la opresión de las mujeres, involucra a mujeres y hombres. En este momento, en El Salvador, existen organizaciones que, como parte de su quehacer, apoyan a muchos hombres en la reflexión sobre su construcción, generando así su corresponsabilidad, en la construcción de otras concepciones ser, hacer, poder, tener, en la vida de ellas y ellos. Favoreciendo cambios, desde ellos, en las relaciones familiares, comunitarias y sociales en general. Muchos hombres (aunque no suficientes todavía) empiezan a ser conscientes de que, ellos, como las mujeres, están en capacidad de educar, dar amor, afecto y cuidado. Y que así mismo, ellas, tienen capacidad para aprender, opinar, decidir sobre sus cuerpos y/o recursos.

Desde el feminismo también se plantea la importancia de hacer consciencia de que nos construimos, para dar cumplimiento a un fin, la acumulación del capital en forma creciente.

 

De manera resumida, ¿cuál ha sido la contribución del movimiento feminista al estudiar la economía desde la perspectiva feminista?

El movimiento feminista tiene un compromiso muy grande con esto, en EL Salvador se ha construido una agenda económica para las mujeres, promovida desde PNUD y con participación activa del movimiento feminista. En el mundo, el movimiento feminista, continúa llamando la atención sobre la relevancia de hacer cambios en la construcción de los géneros e incluir la perspectiva de género en la definición de políticas y acciones, a fin de lograr transformaciones sostenibles en las estructuras social y económica. La corriente socialista del feminismo (originada en el marxismo) sostiene que, la emancipación de las mujeres no se logra solamente, con cambios en el sistema económico, es preciso también, que se den transformaciones en el sistema patriarcal”.

El movimiento feminista mantiene su compromiso con lo anterior y trabaja permanentemente promoviendo cambios desde las mujeres a fin de avanzar en transformaciones dentro de las organizaciones sociales y más allá, en la estructura social y económica de los países.

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