Entrevistas

“Deberíamos empezar llamando a la violencia de género concretamente como violencia hacia las mujeres, hacia el hombre y hacia los niños y niñas”

 

Por: Roselia Núñez y Sonia Rivera

 

Héctor Núñez del Programa de Masculinidades del Centro Bartolomé de las Casas, la cual cuenta con la Escuela Equinoccio, un espacio metodológico en masculinidades que busca la equidad y la prevención de la violencia de género y a Hugo Huberman, experto en procesos de masculinidades a nivel de centro y sur América.

 

Con la Escuela Equinoccio busca la participación de aquellos hombres que por su posición y poder local son actores claves en la formulación de políticas, en el cambio de prácticas y actitudes y en la realización de proyectos hacia la equidad de género y la prevención de la violencia de género.

 

Nos pueden explicar Licenciado Núñez, a qué se refieren cuando tocan el tema de la violencia de género

Cuando el Centro Bartolomé de las Casas a través de su Programa de Masculinidades toca el tema de la violencia de género está en sintonía, primero con las demandas feministas de hace mucho tiempo en este país. Un país donde sabemos que los grados de violencia son bastante altos, así como los grados de violencia que afectan también a las mujeres.

 

Los femicidios son bastante altos y dándonos cuenta de esto, la  pregunta es, qué sucede con los hombres en estos contextos de violencia donde vemos que los grados de violencia pueden ser de la gravedad con que revisten los asesinatos de mujeres.

 

Dándonos cuenta de eso es que comenzó este programa de Equinoccio, esta escuela metodológica de masculinidades que lo que busca es deconstruir ese modelo hegemónico, asociado a la cultura y a cierto tipo de valoraciones que se tiene respecto a los hombres que permite también que se naturalicen los grados de violencia, es decir que cualquier hombre, en cualquier circunstancia, incluso desde niño.

 

Me contaba una amiga mía que conocía a un niño de 10 años que le pega a su mamá, y la retaba en público, y le preguntaba con cuántos hombres iba a salir, y tú le preguntas a la señora, y ella responde que él es así, si eso lo tenemos en un niño de 10 a 12 años, qué pasará con ese niño cuando sea adulto.

 

Es decir, hay un refuerzo cultural y social que permite que se vaya naturalizando la violencia y el dominio hacia las mujeres, hasta encontrarnos con situaciones que tenemos que lamentar como los altos índices de homicidios hacia mujeres. Esa situación es compleja, y tampoco podemos olvidar que esos mismos hombres que ejercen violencia contra las mujeres, también la ejercen contra otros hombres.

 

Tomando en cuenta que en la UES también hay hombres, cómo se puede explicar la violencia contra los hombres

En estos contextos de educación frente a un modelo hegemónico, para muchos hombres hay grados de auto violencia, es decir, de violencia interna que sufren los hombres y es eso lo que ha ido deconstuyendo un poco la escuela metodológica y nos vamos dando cuenta a nivel de los procesos, los niveles de frustración y  de auto daño  por así decirlo que sufren muchos hombres.

 

Sobre los mitos que justifican la violencia, qué puede decir Hugo Huberman, se dice que uno de esos mitos es el alcohol

El itinerario en el que los hombres en cualquier cultura nos vamos haciendo hombres varía según cada cultura, pero hay algunos esquemas que se repiten de cultura en cultura; uno los mitos iniciáticos tiene que ver con el alcohol y el modelo hegemónico.

 

En cualquier parte de América Latina, emborracharse es parte de ser hombre, es como un camino hacia ser hombre, mientras ese camino no sea crítico, mientras no sea parte de una sociedad en su conjunto en que adolescentes y chicos entiendan que se puede ser hombre sin consumir alcohol, pero queda claro que el modelo hegemónico nos dice que el alcohol es parte de ser hombres.  Mientras sigamos siendo no críticos y no lo desarmemos vamos a seguir teniendo ligazón entre alcohol, violencia y modelo hegemónico.

 

Hugo, otro de los mitos es que la violencia es algo que sucede solo en familias pobres

Es una barbaridad desde cualquier punto de vista. En toda América hay una transnacionalización de la violencia. Primero, violencia social. Estamos en sociedades de alto consumo vinculadas al sistema capitalista, que de por sí, está vinculado al modelo hegemónico, eso genera violencia. Segundo, no hay ninguna estadística en cualquier país de América que pueda decir que es característica de la marginalidad o de la pobreza, son formas diferentes porque hacerse hombre y hacerse mujer es diferente en la pobreza que en la opulencia, pero no deja de haber violencia en toda situación relacional de hoy.

 

Nosotros estamos planteando que hay que revisar las palabras con que nombramos a las cosas, y deberíamos empezar llamando a la violencia de género concretamente como violencia hacia la mujer, hacia el hombre y hacia los niños y niñas, y también violencia hacia lo diferente, decir violencia familiar es meterlo en un paquete muy grueso, sin buscar un culpable, y sin tomar en cuenta que la violencia es avalada por alguien.

 

Considera entonces que los mitos se crean para quitar al Estado la responsabilidad que tiene sobre las personas.

No me cabe la menor duda, por eso una de las maneras de ir eliminando estos mitos, es nombrar las cosas tal cual son. La violencia hacia la mujer es una, parecería que no es tan tangible, tocable, ni visible, porque una cosa es la violencia física que se puede denunciar, pero también sabemos que hay otro tipo de violencia que pueden estar en el listado de mitos, que no se pueden comprobar, pero que dejan muchas más marcas que la física.

 

Hugo, dentro de los tipos de violencia existen la física, psicológica, sexual y patrimonial, se pueden dar otras series más en relación a estos tipos de violencia

Por ejemplo hay violencias invisibles que debemos denunciar y a los cuales darle atención. La indiferencia es una de las más grandes violencias, el no tomar en cuenta al otro en su realidad diferenciada, es decir, violencia e indiferencia son sinónimos.

 

Cuando el otro, la otra, yo no puedo tocarla, desde la mirada, desde el contacto, cuando la trato sin conocerlo o sin conocerla, es indiferencia, eso ya es violencia porque tiene el derecho a ser sujeto de su propia construcción y a ser mirado tal cual es y no tal cual debería ser, que son dos cosas diferentes; una cosa es lo que somos y otra, lo que deberíamos ser. Lo que deberíamos ser no está en juego, debemos bajar los niveles de contacto y entender que el otro, la otra, es alguien que tiene una historia, un contexto, una memoria, una mirada, un cuerpo propio, y no prestado.

 

Hay una tarea básica que estamos haciendo desde el Centro Bartolomé de las Casas hace muchos años y con muchos compañeros de América Latina y el mundo, que es decir, que si los hombres somos parte del problema, debemos ser tomados en cuenta como parte de la solución.

 

Debemos ser tomados en cuenta como parte de la solución…

Vivimos en un sistema que es patriarcal, homofóbico y misógino y tenemos que sostener un camino en que los hombres nos vayamos bajando de privilegios, lo cual no es fácil porque hay una cultura que nos vio nacer y nos dijo tú tienes el poder, tu eres el que manda, tu eres el que cría, y la única respuesta de la mujer es que tenga tus hijos y vos te comprometas con ellos.

Entonces es muy importante poder entender que una de las maneras de bajar el nivel de violencia es que los hombres nos hagamos parte de la parte que nos toca, diciendo “no quiero más participar de esto”.

 

Hugo, se pueden lograr cambios en el comportamiento de un hombre violento

Las cosas tienen nombre y hay que llamarlas por su nombre. En ese sentido, tienen que haber leyes con respecto a la violencia hacia las mujeres muy precisas y concretas; el agresor debe recibir sanción social, pero también tratamiento.

El agresor debe tener atención y debe ser específica. Cuál es la tarea. Hacer tarea socio preventiva o educativamente preventiva, para cerrar el caudal de violencia y sean cada vez, menos los agresores y los que cometen delito.<-->

 

 

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