Investigación

Por qué el enfoque de género debe transversalizar la currícula de Enfermería

 

Isabel Cristina Reyes

Docente de la Facultad de Medicina de la UES

 

Si bien el concepto de género no es reciente, su discusión, interpretación,  aceptación  e incorporación a la formación académica  en los diferente niveles de la enseñanza sí  lo  son;  hace no más de  de  dos décadas que se ha dado  auge  por algunos sectores sociales principalmente  las mujeres,   a la importancia de incidir en el pensamiento y en el comportamiento de políticos, religiosos y educadores, etc.,  sobre lo trascendental de reconocer y asumir el enfoque de género como algo indispensable para la convivencia en paz y el desarrollo de mujeres y hombres.

 

La formación en la profesión de enfermería tanto a nivel técnico como universitario históricamente y a nivel mundial  ha sido asumida por un 95% de mujeres según datos del Informe de Salud de las Américas del año 2006, esto ocurre porque  el que hacer de enfermería ha sido considerado como una extensión o prolongación del trabajo de cuidado que se ha adjudicado a las mujeres en el hogar.  Entonces, bañar, cuidar, dar de comer, curar y atender a otros miembros de la familia es lo que las enfermeras realizan primordialmente en el ámbito laboral.  

 

A pesar que a la fecha la profesión ha trascendido en su que hacer científico, sigue siendo la enfermería una labor casi exclusivamente para las mujeres.

 

En el ámbito universitario después de casi 20 años de estar formando profesionales de la enfermería, hasta hace una década se empezó a recibir hombres para estudiar la profesión, pero muchos de ellos han sido vistos de manera diferente y hasta discriminados incluso por parte de algunos docentes.

 

Esta situación  ha trascendido a los campos de práctica hospitalaria donde se han tenido experiencias de directoras y directores de hospitales que se han negado a recibir estudiantes hombres en algunas áreas de desempeño como el caso de las maternidades en el área  de puerperio, situación que tiene que ver con la construcción social del género, donde históricamente no se aceptado que un hombre cuide pacientes, por considerarse que es una función que deben realizar exclusivamente mujeres.

 

El género como construcción sociocultural, es polisémico y  dinámico en el tiempo, lo cual repercute en las formas de concebirlo y vivenciarlo  desde lo académico  y lo laboral.   Es difícil que el sector responsable de la formación asuma con elevada responsabilidad la enseñanza bajo un enfoque de género,  ya que su comportamiento cotidiano modela la cultura patriarcal  y  tradicional en los  planes de estudio, lo cual se ha vuelto un modelo repetitivo en la formación en todos sus niveles puesto que es más fácil  repetir lo ya aprendido, que innovar el modelo educativo  desde un enfoque de género que exige la práctica para ser congruentes entre discurso y práctica de la enseñanza.

 

En este contexto, los planes de estudio de Enfermería de la Universidad de El Salvador, no tienen implícita  ni explícitamente el enfoque de género, ya que ni la metodología utilizada, ni su abordaje  reflejan este enfoque. Tanto maestras, como maestros quienes operativizan  la educación no lo hacen con una mirada de género ni de igualdad y equidad, además las profesoras de la carrera están cargadas de lenguaje y prácticas sexistas  que de manera consciente o inconsciente  lo reproducen cada vez en las aulas.

 

Para transformar los planes de estudio de enfermería y que estos reflejen un enfoque de género,  es necesario la concienciación y el empoderamiento de  profesoras y  autoridades de la Facultad de Medicina apoyando una transformación curricular sostenida  que implica preparación, monitoreo y supervisión  permanente del sector académico,  ya que no basta con que los programas  estén  escritos con enfoque de género;  siendo   más importante y profunda  la forma en que cada maestra o maestro desarrolla las temáticas en las aulas, desde el trato igual y equitativo que se brinde al estudiantado.

 

La transversalización del género es el proceso político, diseñado para incorporar la perspectiva de la igualdad de género en todas las áreas como un tema transversal.

 

Ello significa incluir un análisis de género en sectores supuestamente “neutrales” tales como la infraestructura o la energía, además de la salud y la educación.

 

Lograr que se  transverzalice y operativice  la currícula de enfermería con enfoque de género, sería la mejor forma de mejorar la calidad de atención que recibiría  la población en general,  ya que es el recurso de enfermería se mantiene  las 24 horas del día  al lado de usuarias y usuarios en los diferentes niveles  de atención a la salud.

 

La transversalización del género implica analizar los efectos diferenciados de programas y políticas en las mujeres y los hombres, con la meta de promover una mayor igualdad de género.  A la vez puede significar cambios en las metas, estrategias y acciones, como también en las organizaciones, instituciones, culturas y comportamientos.

 

Hasta la fecha esto no ha sido posible debido a la carencia  de conocimientos,  empoderamiento  y aplicación de un enfoque de género en la formación de las y los profesionales de la salud.

 

La anterior situación  no  ha permitido que los nuevos profesionales que se están  formando,  lleguen al campo laboral con una nueva mirada “el enfoque  de género”, ya que esta forma tradicional, repetitiva, patriarcal y sexista de la formación, permite cada día el deterioro y la  deshumanización  del cuidado directo que recibe la población y no podrá  mejorarse mientras no se haga este giro importante en los proceso educativos de nuestra carrera,  Universidad  y sistema educativo en general.

 

Ante esta realidad es necesario demostrar a través de la investigación científica la urgente necesidad de incorporar  el enfoque de género en los planes  de estudio, así como de fortalecer en el sector docente nuevas metodologías que les  permita  el desarrollo de las temáticas,  demostrando que los mayores beneficiados serán los usuarios y usuarias  que reciban la atención directa de las y los profesionales de enfermería.  Solo así,  nos estaríamos acercando al cumplimiento de  un derecho humano como es la salud, vista desde un enfoque de género que implique justicia e igualdad para todas y todos. 

 

 

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