Investigación

Reflexión sobre la transgresión de las mujeres en la Universidad de El Salvador

Por: Jenny Domínguez

Licenciada en Sociología de la UES

 

Las universidades públicas son espacios importantes para el aprendizaje, creatividad, producción de conocimiento y socialización con otras y otros; además, son reproductoras de la realidad en la que desenvuelven y a la vez, tienen herramientas que les permiten ser partícipes de la transformación de la realidad.

 

En ese sentido, es importante comprender cómo las universidades son parte reproductora de una realidad pero a la vez, tienen como función ética transformarla.  Forman parte de la totalidad del funcionamiento de una sociedad, responde a intereses estatales bajo una ideología social construida  históricamente por grupos dominantes y tienen la función de educar bajo esta lógica.

 

Como afirma Illich “la escuela gradúa y consecuentemente degrada”, haciendo alusión a la escuela como monopolizadora de la educación, en donde la escuela se convierte en un templo donde se realizan progresivas iniciaciones, que no llevan implícita una enseñanza liberadora, humanística, lejos de la inequidad, la injusticia y la exclusión social; pues funciona como máquina reproductora de un capitalismo asesino, violento de todo aquello que le rodea que no sea funcional a su producción  de   riqueza desmedida.

 

Es necesario distinguir entonces, escuela de la educación.  La escuela es el espacio donde se educa “donde se recluta a la juventud” donde la educación se vuelve una educación ejército, con una lógica cuantito-productiva que sostiene el estatus quo y el goce de pequeños  grupos privilegiados.

 

La educación superior pública continúa siendo una escuela pues forma parte importante de la sociedad al ser partícipe de los procesos de producción, circulación, uso del conocimiento e información cuatito-productiva. 

 

La Universidad de El Salvador, es una corporación de derecho público, pues goza de personalidad jurídica y patrimonio propio.  Y en ese sentido, debe de  tener una ley interna que permita lograr sus objetivos educativos.

 

Como toda ciudad, las personas que le habitan gozan del carácter de ciudadano y por lo tanto de deberes y derechos establecidos en la ley.  Son estos los espacios de interacción, aprendizaje, producción de conocimiento y de conflictos; que a pesar de contar con leyes y prácticas particulares no se encuentran aisladas de otras ciudades.  Las relaciones entre mujeres y hombres al interior de estos espacios y en específico dentro del contexto salvadoreño tienen un origen histórico de desigualdad, violencia, discriminación  y exclusión hacia las mujeres.

 

Pues los espacios construidos desde el patriarcado, se han caracterizado como sitios homosociales, es decir, integrado mayoritariamente por hombres y cuya dinámica es organizada desde una perspectiva masculina.

 

La educación en El Salvador es un derecho que gozan pocas personas, la mayor parte  de la población analfabeta son mujeres jóvenes  y el porcentaje de personas que acceden a la educación superior pública solo representa el 28% de la población en total.

 

A pesar de la irrupción de las mujeres en estos espacios- ciudades y a pesar que actualmente la Universidad de El Salvador cuenta con un porcentaje de mujeres estudiantes superior al de los hombres, estos espacios siguen concibiéndose como homosociales, las estudiantes no forman parte de los liderazgos organizativos estudiantiles, tampoco forman parte de las estructuras de poder y además son víctimas constantes de violencia sexual al interior.

 

No se debe afirmar, que la Universidad únicamente responde a su ideología dominante y gestora a nivel estatal y por tanto reproductora y socializadora de fetichismos sociales; se debe considerar también que este espacio ha sido creado para la búsqueda de la transformación social  y que siendo  un espacio autónomo, que goza de un accionar interno soberano debiese contribuir al progreso social.

 

Este desarrollo social, debería de ser inclusivo a todos los sectores de la población como parte de sus derechos básicos y también como parte del constante florecimiento humano; si la UES, según su Ley Orgánica busca el pleno desarrollo de la personalidad del educando, el cultivo del respeto a los derechos humanos sin distinción  por ningún motivo, incluyendo el sexo.

 

Desde la óptica de la ley orgánica docente y  aula de clase constituyen el espacio principal dentro de la Universidad en donde se gesta el conocimiento y  análisis de la realidad,  acuerdo a esta perspectiva, el docente deja caer su caudal de conocimiento   sobre el sector estudiantado.

 

El aula de  clases y el cubículo de las y los docentes son espacios de poder, de decisión, donde la esperanza académica de las y los estudiantes puede volar o desvanecerse.

 

El espacio universitario al constituirse como espacio homosocial patriarcal, se sustenta en base a un contrato social y de él nace una serie de normativas,  regulaciones deberes y derechos de “los ciudadanos”.

 

Al interior de la Ley no se contempla la existencia de las mujeres, en tanto que plantea lo siguiente en sus disposiciones preliminares: “en la presente Ley, cualquier alusión  a personas, su calidad, cargo o función. Manifestada en género masculino, se entenderá expresada igualmente en género femenino”.

 

La Ley Orgánica de la Universidad es reflejo de un pacto social que invisibiliza el contrato sexual es decir las desigualdades de género que se encuentra detrás pues las mujeres en esta Ley existen a través de la palabra hombre.

 

Esta igualdad al interior de la Ley entonces, se convierte en una falsa igualdad, una ley excluyente, una Ley patriarcal. Y las mujeres al interior de esa Ley se convierten en sujetas negadas.

 

La ley oculta el pacto sexual  a partir  de un imaginario de igualdad entre mujeres y hombres,  la Ley no cuestiona el párrafo en donde las mujeres son a través del hombre y no a través de sí mismas, de esta forma se vuelven sujetas negadas y la Ley una Ley patriarcal que no concibe la existencia de las mujeres si no es a través de los hombres.

 

La ley patriarcal entonces es una Ley injusta, que no da cuenta de la realidad, pues no visibiliza a los otros sujetos, si no que es una Ley que responde a la construcción de un modelo hegemónico masculino y un imaginario de espacio homogéneo.

 

¿Cómo las mujeres estudiantes al encontrarse en un espacio educativo homosocial patriarcal se vuelven sujetas negadas y por tanto transgresoras de la ley?  De acuerdo a Hinkelammert la Ley revela lo que no es pues existe mediante la negación de otras y otros, la abolición del problema mismo, la idea de una igualdad. La negación r tanto de las mujeres, desde el principio de la Ley Orgánica, niega la existencia de una problemática entre mujeres y hombres, afirma  una igualdad que no existe; entonces, las mujeres existen como sujetas negadas.

 

La igualdad al interior del espacio homosocial es una igualdad pactada mediante un contrato social entre hombres como pares y esto genera una dinámica masculina hegemónica a su interior y por tanto una lógica de relación con la mujer de manera violenta, pues esta ha transgredido un espacio originalmente masculino.

 

La Ley patriarcal fundamenta esta relación y la oculta mediante la idea de igualdad. En ese sentido el cumplimiento de la Ley patriarcal es injusticia, pues es excluyente del ámbito público por medio de la violencia, el hostigamiento solo por el hecho de ser mujer. La Ley patriarcal ve  la figura femenina como subordinada a la categoría hombre; mientras que no se nombre a las mujeres como parte de la dinámica universitaria, estas se encuentran irrumpiendo el espacio, por tanto son transgresoras de la Ley, son sujetas negadas.

 

La ciudadanía de las mujeres,  se encuentra en duda, aún en el interior de la universidad y su existencia es irrelevante dentro de las actividades y las decisiones de la UES, su participación es limitada, pues debe responder a lo que la categoría hombre lleva implícita. Esto significa responder a la lógica masculina de dinámica al interior de los espacios universitarios y  tener que sufrir todo tipo de violencia por el  hecho de ser mujer transgresora.

 

Las transgresoras no por considerarse sujetas negadas son pasivas, existen diferentes formas de resistencia, se vuelven transgresoras por entrar en espacios homosociales y  cambiar la dinámica masculina original, al entrar en ella a pesar que deben responder a esa lógica, realizan acciones que rompen con la  naturalización de la violencia; dichas acciones no se realizan al interior de las instituciones o centros universitarios pues estos tienen como base la Ley y las mujeres saben que la Ley no les ampara  sino que les niega, no son espacios confiables, pues no existe igualdad y su denuncia será escuchada para volver la acusación hacia ella.

 

El accionar de las mujeres ante una situación de violencia sexual, es evitar a toda costa volver a tener contacto con el agresor, se retira la materia, el curso, se cambia de carrera, universidad, en muchos casos utiliza el espacio de las amigas para buscar apoyo y en menores casos se denuncia.

 

Cuando se llega al proceso de denuncia a pesar de ser amparada bajo esta ley patriarcal, la mujer transgrede aun más el status quo del sistema de  derechos, pues reconoce que la batalla será difícil, a pesar de ello, se encuentra consciente que la visibilización de la problemática se traduce en mayor reconocimiento de lo negado  “la institución tiene una deuda pendiente –haciendo alusión a fiscalía universitaria- pocos casos se han visto que favorecen a las víctimas, yo he sido víctima de acoso  sexual, no hay un control institucional

sobre los casos” Lideresa Estudiantil.

 

¿De qué forma las políticas públicas permiten utilizarse como herramientas de transgresión? Si la transgresión de las mujeres se encuentra en el irrumpimiento del espacio homosocial patriarcal cotidiano, mediante la evasión de diferentes situaciones de violencia, se vuelven transgresoras de la ley patriarcal al usarla para evidenciar la situación de desigualdad en la que se encuentran.  Y esta situación se puede lograr al ampararse en políticas públicas que sirvan como apoyo de su accionar.

 

La Política de Equidad de Género que se aprobó por el Consejo Superior Universitario en el año 2007, sirve como fundamento para evidenciar una situación de falsa igualdad al interior de la Universidad. Sirve como mediador entre la ley patriarcal y las sujetas negadas.

 

La Política de Equidad de Género sirve como herramienta para destacar y responder ante el acoso sexual que sufren las estudiantes por parte  de  docentes en sus cubículos y en el salón de clases. Es necesario que dicha política se aplique, de esta forma se puede transgredir  la ley y evidenciar la situación.

 

BIBLIOGRAFIA

1. La categoría patriarcal, la entenderemos como la manifestación e institucionalización del dominio masculino sobre las mujeres y los niños en la familia y por extensión el dominio del hombre sobre la mujer en la sociedad como causa central de la opresión de la mujer, Ramos C. 2001.

2. 19% de mujeres, frente al 13% de hombres,  Ministerio de Educación MINED, 2007.

3. Dirección Nacional de Educación Superior

4. CEG-UES, 2009.

5. Según la Ley Orgánica de la UES, Art. II, Cap. 5. Las características educativas con las que debería contar son: una educación esencialmente democrática, respetuosa de las distintas concepciones filosófica y científicas que contribuyen al desarrollo del pensamiento humano, deberá buscar el pleno desarrollo de la personalidad del educando, cultivará el respeto a los derechos humanos sin discriminación alguna por motivos de raza, sexo, nacionalidad, religión o credo político, naturaleza de unión de sus progenitores o guardadores, o por diferencias sociales y económicas; y combatirá todo espíritu de intolerancia y odio.

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