Tema del mes

Jeremías, Avatar y la desconexión masculina

 

Por: Fina Viegas.

Licenciatura en Historia

Universidad de El Salvador

 

Jeremías, una de las caricaturas de la Prensa Gráfica, trata del día a día de un adolescente en nuestros tiempos y su relación con el entorno.   El fin de semana recién pasado a Jeremías se le olvidó el refrigerio de  la escuela en casa y la madre se lo entregó al padre para que se lo pasara dejando.

 

El caso es que la madre después le recuerda al padre que el refrigerio lo ha dejado equivocado en el lado de Primaria  del colegio y no en el de Secundaria, que es donde Jeremías estudia.   Al final de la caricatura el padre se lamenta de que está viejo. Y mi “yo mujer” saltó, NO, NO, el padre de Jeremías no está viejo, es ¡¡¡¡¡HOMBRE!!!!!. Lo siento, es inevitable, asociar a la masculinidad con la más común desconexión con el mundo de sus seres más queridos, desconexión de los hechos cotidianos domésticos pero también y sobre todo con la desconexión emocional.

 

A estas alturas muchas de nosotras ya habremos hecho nuestra propia lista a propósito de estas “desvinculaciones” masculinas con el espacio privado y de las relaciones personales.

 

Sin decir nombres, aunque todas tengamos alguno o algunos en la mente, es claro que los hombres memorizan aspectos tan cruciales como la trayectoria política o futbolística de otros hombres con gran exactitud y sin embargo no recuerdan recoger ese día a los hijos o el nombre de la medicina que habitualmente se les da u otras cosas que se dejan a “las mujeres” o como diría Marcela Lagarde a las “madresposas”.  

 

Se me viene a la cabeza sin lugar a dudas la película AVATAR  (James Cameron 2009) y la existencia de otros mundos, en este caso, Pandora,  donde el vínculo entre todos los seres Naa´vies y el entorno es  absolutamente crucial en las relaciones sociales, es vital. Lo que me pareció poco creíble es la facilidad que tiene el protagonista masculino, Jake Sully, en la adaptación a los y las Naa´vi  pero sobre todo la fascinación que ello le produce.

 

Me imagino que así sería si nuestros hombres en el aquí y el ahora optaran por equilibrar el tiempo y el esfuerzo y la energía entre sus facetas pública y privada.

 

Me imagino entonces, que al padre de Jeremías no se le olvidaría que su hijo ya es un adolescente, como no se le olvidaría una reunión de trabajo; incluso podríamos soñar en que no era la madre la que le preparó el refrigerio sino él mismo, equilibrado nutricionalmente, variado, y sin implicar excesivos gastos.  Pero no por obligación, o por presión del feminismo sino por vinculación amorosa, por querer estar presente en la vida cotidiana de su hijo Jeremías.

 

El tema de la caricatura de Jeremías y Avatar pone en cuestión para mí la falsa disociación del mundo en público y privado, de igual manera que razón y emoción. En este mundo en que los moldes están hechos por hombres a las mujeres nos ha tocado pelear para que nos dejen  “salir” al espacio público y fruto de esos logros está en una multitud de mujeres exitosas en nuestra carrera profesional, independientes económicamente. Sí, sí, todavía hay camino por recorrer pero aquí estamos.

 

Considero uno de los principales retos ahora que los hombres “se metan” en el espacio privado, en los sentimientos, en las casas, se vinculen y conecten como lo hizo el protagonista de Avatar.

 

Decía un estudio sobre reparto del tiempo personal que los hombres españoles únicamente pasan 13 minutos con sus hijos e hijas. ¿Cómo será esto en El Salvador? La división genérica, sin lugar a dudas, nos ha “de-generado” a nosotras pero también a ellos, desconectados del mundo de los vínculos personales, evitando sentir, huyendo del “ser como niña”.

 

Sin embargo creo que debemos empezar a poner límites a estos hombres desconectados.  Es decir, la valoración del éxito como únicamente medición del grado de escalones ascendidos en el ámbito laboral.¿ Podremos poner también otros aspectos en la medición del éxito personal?. Sí, lo creo. Hombres del mundo: se vale llorar. 

 

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