Sexismo

La pitufiúnica Pitufina entre un ciento de pitufos

Josefa Viegas. Licenciatura en Historia

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Escuela de Ciencias Sociales

Facultad de Ciencias y Humanidades.

 

Pitufo valiente, pitufo tontín, pitufo dormilón, pitufo vanidoso, hasta un absurdo pitufo bocina, un aburrido pitufo narrador  y así hasta 99 pitufos, un papá Pitufo y una pitufiúnica Pitufina llenan las pantallas de cine de El Salvador todavía en estos días. Llevamos a nuestros hijos e hijas a ver un mundo de fantasía que sin embargo hace que se nos paren algo los pelos al ver los estereotipos sexistas a la par de una magnífica presentación técnica de efectos audiovisuales.

 

El retorno de Los Pitufos al imaginario actual del siglo XXI en una nueva versión de comics, películas y series que tienen como protagonistas a unos duendecitos de color azul nacidos en 1958 como Les Schtroumpfs en su origen franco-belga. Ahora las podemos ver Los Pitufos en tres dimensiones pero que en el plano de las relaciones de género sigue perpetuando la teoría de las dos esferas.

 

Veamos, cada uno de los 99 pitufos existentes en la aldea de setas tiene una particularidad en su conducta y/o en su personalidad; uno duerme en exceso, por eso es dormilón; otro pinta excelente, por eso es pintor; incluso hay lugar para uno que es torpe, y es el pitufo tontín, aunque en realidad debería llamarse el pitufo torpón. Podríamos decir que en la aldea de los pitufos cada uno de sus habitantes (varones) tiene una originalidad que lo caracteriza y que por lo tanto lo define frente a los demás pitufos en la comunidad.

 

Estos rasgos definitorios además, tienen una función en la aldea ya que permite apoyar al colectivo en las funciones socioeconómicas de la vida en común.  Encontramos guiños interesante tanto en la serie de los años ochenta como en la película mostrando masculinidades no  hegemónicas como el Pitufo Vanidoso que representa entre el ciento de posibilidades rasgos estereotipados de la homosexualidad. 

 

Papá Pitufo, por su parte muestra características del hombre cauto, sabio, que guía a la aldea, papá Pitufo, es eso, un gran padre. Los pitufos son, en definitiva, de diminuto tamaño, de color azul y habitantes de un mundo propio de la fantasía, donde la magia es posible y existe un una tensión permanente entre el bien y el mal, Gárgamel y su gato Azrael.  Todos ellos viven en un mundo masculinizado, en el que la división genérica masculina y femenina está, clara identificando a todos los pitufos como varones.

 

Pero cómo, ¿un mundo sólo de hombres? No, no, también tenemos cabida la pitufimujeres; y ¿qué característica original nos tocó en la aldea pitufa? Pues eso, ser “femeninas”. La Pitufina representa el estereotipo femenino al pie de la letra, es dulce, fina, lleva vestido, es rubia platino, y en su crecimiento personal en la tierra de los seres humanos neoyorquinos descubre el potencial del cuidado estético. “¿Puede existir más de un vestido?”  Se pregunta ante la posibilidad de probarse unos vestidos de la Barbi. Y además se descubre madre, con la protagonista humana, embarazada.

 

Pitufina, a inicios del siglo XXI demuestra su originalidad en la aldea pitufa con estereotipos femeninos tradicionales, esto es, rubia, bella, enamorada de los vestidos y del cuidado estético. De las ciento de posibilidades de ser pitufivarón, sólo hay una posibilidad de ser pitufimujer, siendo mujer… ¡el pituficolmo!.

 

Aún así, el personaje en esta historia particular de la Pitufina tiene momentos de aguerrida heroína, valiente, independiente, con criterio propio que también es óptimo que los vean nuestros hijos e hijas; está sola, es única, pero se demuestra poderosa.

 

En todo caso, la historia principal está argumentada en torno a la paternidad responsable, a la vinculación emocional del protagonista humano con el hijo varón que va a nacer, lo cual se agradece, en cuanto a mostrar estereotipos masculinos alejados de la dureza emocional y situados más cerca de  la esfera privada y emotiva. 

 

En otras producciones destinadas al público infantil como la última secuela de Shreck o Cómo entrenar a tu dragón van en el mismo camino. Esto último nos alegra. Para mientras, hay que enviar con Pitufo Cartero un ejemplar de El Segundo Sexo de la Beauvoir hasta la aldea pitufa.     “La pitufimujer no nace, se hace”.

 

Pitufifín. 

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