Violencia hacia las mujeres

Pornografía y publicidad sexista: manifestaciones de violencia contra las mujeres

 

Por: Vilma Vaquerano

 

Es indudable que la publicidad sexista y la pornografía son manifestaciones de violencia, al reproducir paradigmas discriminatorios contra las mujeres; por ello dicha publicidad como la pornografía debería ser censurada socialmente como lo son los delitos y las agresiones sexuales.


Es frecuente ver en los medios de comunicación salvadoreños o en publicitarios, anuncios comerciales sexistas que denigran la imagen de las mujeres, ya sea cosificándolas como objetos sexuales e invisibilizando sus diversos roles o aportes en la sociedad.

Bastaría revisar los medios de mayor circulación y difusión para comprobar esa afirmación; es frecuente encontrar chicas en ropa íntima que ilustran ventas de vehículos, baterías, lavado de autos y otras empresas. Especialmente en la secciones de clasificados, se exponen cuerpos femeninos semidesnudos para atraer la atención hacia diferentes productos en venta o alquiler. Otra práctica común es utilizar jóvenes en vestuario llamativo para promocionar celulares en los centros comerciales.


Diana Russell, investigadora feminista, considera que la publicidad sexista denigra las imágenes de las mujeres; además las investigaciones indican que objetibizar, degradar y violentar a las mujeres en las pornografía predispone a los hombres a desatar instintos de violación sexual de las mujeres y niñas y también libera sus inhibiciones a cometer otros actos de violencia contra ellas.


Es indudable que la publicidad sexista y la pornografía son manifestaciones de violencia, al reproducir paradigmas discriminatorios contra las mujeres; por ello, dicha publicidad como la pornografía debería ser censurada socialmente como lo son los delitos y las agresiones sexuales.


Publicidad sexista

Para especialistas en la comunicación, a través del estereotipo de género se desdibuja y desfigura a la persona que forma parte de un grupo al que le une su condición sexual, se le caricaturiza, despersonaliza y se le despoja de su identidad a base de extremar unas circunstancias o caracteres, naturales o adquiridos, que le unen al resto (Quin, R y McMahon 1997).


De manera que los estereotipos sobre las mujeres enmascaran la defensa de los valores patriarcales de la mayoría de sociedades actuales, incluyendo la salvadoreña, así como el miedo de la pérdida de liderazgo masculino, que ridiculizando a las mujeres, espera hacer valer la supremacía de género que las sociedades machistas asignan a los hombres en detrimento de las mujeres.


Si bien hoy en día ha disminuido la publicidad sexista que rayaba en la vulgaridad, con formas más sutiles y modernas se denigra igualmente a las mujeres, cuando se intenta encasillarlas en roles tradicionales que no están acordes al papel de la mujer en la sociedad actual.

Hoy en día, pueden verse anuncios televisivos que ilustran imágenes de hombres incapaces de realizar las tareas de la casa y que precisan que su esposa o su madre, lleguen a rescatarlos porque ellos son incapaces de realizar estas actividades.  Por el contrario, a veces se les proyecta como los especialistas que indican a las mujeres como desempeñarse.

Esta publicidad por ejemplo, enfatiza erróneamente que el trabajo doméstico es tarea natural de las mujeres y que cambiar este patrón conductual, conlleva el riesgo de descuidar las tareas hogareñas esenciales para la comodidad y sobrevivencia de las familias. Por tanto, refuerza el rol de la mujer como ama de casa y del hombre como proveedor económico, aunque la práctica ha cambiado y las sociedades modernas enfrentan realidades distintas.


Ese tipo de publicidad influye para que pese a que ambos cónyuges trabajen fuera del hogar, siempre son las mujeres las únicas responsables, capacitadas para el desarrollo de las tareas domésticas. Lógicamente esto reproduce roles de socialización que conllevan condiciones de desigualdad o inequidad para las mujeres y niñas, desde temprana edad quienes son obligadas a auxiliar a sus hermanos en tareas tan elementales como lavar, planchar o asear la casa.


Esta de más agregar que la continuidad de roles estereotipados, ha provocado la saturación laboral de las mujeres, quienes se ven obligadas a realizar una doble o triple jornada porque sus parejas o familiares masculinos optan por mantenerse al margen de las responsabilidades familiares vinculadas al trabajo reproductivo, las labores domésticas, cuidar de personas ancianas o enfermas, ayudar a los hijos e hijas en las tareas escolares y otras actividades que consumen mucho tiempo y esfuerzo por parte de las mujeres.


Hoy en día so pretexto de dar a conocer los diferentes roles de las mujeres, alguna publicidad intenta dar la imagen de mujeres profesionales que además de trabajar fuera de casa, llegan al hogar a cuidar de sus hijos e hijas, esta postura refuerza la percepción de que son las mujeres las indicadas para desempeñar las tareas del hogar y no contribuye a fomentar la corresponsabilidad de los padres en el conjunto de actividades reproductivas.

Pornografía y violencia

Según Diana Russell, un estudio del FBI sobre el comportamiento de 46 asesinos en serie en los Estados Unidos, concluyó que la pornografía ocupaba uno de los primeros lugares de una lista de incitadores sexuales en el 81% de este grupo estudiado.

 

Lo anterior adquiere mayor relevancia actualmente ya que en diversas naciones, entre ellas El Salvador, la pornografía es de fácil acceso para la mayoría de personas que pueden alquilar o comprar una película en cualquier plaza del país o con disponibilidad de medios para descargar este tipo de filmes o imágenes desde internet.

 

Diana Roussell agrega que mediante el estudio realizado por el FBI se demostró que asesinos notorios como Edgar Kenry, Ted Bondy o David Bokovich, eran grandes consumidores de pornografía.

 

Incluso, uno de ellos, Bandy declaró un día antes de ser ejecutado por múltiples crímenes, que el había asesinado muchas mujeres bajo la influencia de la pornografía, porque ésta mantenía un alto impacto en su conducta y era el eje central para el desarrollo del comportamiento violento.

 

Su evaluación es consistente con declaraciones de otras personas que agredían sexualmente y así como de víctimas sexuales, lo cual demuestra que los efectos de la pornografía son reales y debe ser asunto esencial al abordar las causas de la violencia contra las mujeres, según Russell.

 

Es común que en películas pornográficas o no, algunos personajes centrales sean asesinos en serie; precisamente la mayoría de administradores de este tipo de películas son hombres y particularmente hombres jóvenes en los Estados Unidos. Además, algunos superhéroes contemporáneos o en caricaturas de gran demanda entre el público joven, por ejemplo muestra a una mujer crucificada, afirma Diana Russell.

 

La mayoría de lectores de estas historietas muestran el enojo reprimido y quieren ver a sus personajes destrozados. Por supuesto, muchos de estos personajes son mujeres más que todo. Un reconocido productor de televisión, Bryan de Palma, afirmaba que siempre había deseado incorporar en sus películas en un enfoque erótico, colocando a las mujeres en peligro; ahora que se dedica a las películas de suspenso, qué va a suceder con sus personajes femeninos, se cuestiona Russell.


Feminicidio y misoginia en canciones de diferentes géneros musicales

En esta categoría deberían entrar géneros musicales actuales, que con letras y ritmos muy pegajosos transmiten mensajes que denigran a las mujeres, utilizando vocablos despectivos, calificándolas como objetos sexuales que siempre deben estar dispuestas a satisfacer los deseos de los hombres, así como otros calificativos que hacen referencia directa o implícita a la violencia verbal o física contra ellas.

 

Como ejemplo podrían mencionarse muchas canciones del popular perreo, reggueton e incluso rancheras. Estas canciones se transmiten en la mayoría de estaciones juveniles salvadoreñas.

Otro cantante estadounidense, Mick Jagger, hace 20 años, decía en una canción que la violación y el asesinato solo están a un beso de separación; la amaba pero ahora tengo que asesinarla, decía una de sus canciones analizadas por Diana Russell.

 

Explica que las atrocidades misóginas que se dicen en la música o películas, no se ven con la transcendencia debida; por el contrario, se ven como una tontería o fantasía sin importancia; pero el feminicidio y la violencia contra las mujeres han sido incorporadas desde hace varios años en las novelas, caricaturas, libros o películas.

 

En muchos de estos géneros, se da la impresión de que las mujeres son sólo diversión. El FBI detalla que muchos asesinatos de mujeres fueron cometidos como homicidios de recreación, de esparcimiento; irónicamente, la mayoría de ciudadanos y ciudadanas estadounidenses se rehúsan a reconocer el periodo feminicida que estamos viviendo y cuantas mujeres mueren por esta causa hoy en día. Para avanzar en esto es necesario cambiar radicalmente posturas machistas, reflejadas incluso en algunos padres de familia o esposos, que actúan en el hogar como dioses a tiempo completo incluso con derecho a matar si su autoridad se ve amenazada, enfatiza Diana Russell.

 

* Artículo tomado de la Revista Bernarda, No. 3, publicado por la Organización de Mujeres Salvadoreñas por la Paz (ORMUSA), San Salvador, mayo-junio de 2008.

 

 

 

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